Tribune Juive

El País, o la moral que absuelve a los verdugos y pone al judío en el banquillo. Por Paul Germon

Crónica de un antisemitismo respetable

Hay países donde el antisemitismo grita.

España ha elegido algo peor: el antisemitismo que moraliza.

Durante décadas permaneció en silencio.

No por arrepentimiento.

Por represión.

Hoy reaparece.

Por cada poro.

Bajo la cobertura del humanismo, del derecho internacional y de la virtud progresista.

Se imprime cada mañana en El País,

este Le Monde español —no es casualidad—,

el órgano central de la buena conciencia ibérica,

donde los verdugos son absueltos línea a línea

y donde el juicio del judío se lleva a cabo sin descanso.

Indulgencia con los criminales, severidad con Israel

Tomemos el ejemplo más reciente, revelador hasta la caricatura:

el artículo dedicado al juez designado en el caso Maduro.

Tono suave.

Vocabulario jurídico.

Un enfoque “equilibrado”.

Maduro no es un tirano manchado de sangre.

Es un expediente.

Un contexto.

Un caso complejo.

Siempre la misma melodía:

cuando el verdugo es exótico, se llama matiz.

Pero que aparezca Israel —y el matiz desaparece.

Cae el martillo moral.

La presunción de culpabilidad se vuelve reflejo.

La condena precede al análisis.

Dos varas de medir.

Sistemáticas.

Obsesivas.

El colmo de la condescendencia: conceder al judío el derecho a ser imparcial

Y entonces llega la pirueta final.

El toque de elegancia moral.

La condescendencia ilustrada.

En su inmensa generosidad, El País concede —gracias a Dios—

que un juez judío podría, después de todo,

juzgar a Maduro con imparcialidad.

Detengámonos un segundo.

No estamos leyendo un panfleto de los años treinta.

No estamos escuchando un sermón medieval.

Estamos leyendo el diario de referencia de España,

el que da lecciones de modernidad a toda Europa.

Y es necesario, por tanto, precisar, en blanco y negro,

que un juez judío sería capaz

de no dejar que sus “orígenes” interfieran con la justicia.

La sospecha está ahí.

Estructural.

El judío es presunto parcial hasta que se demuestre lo contrario.

Su imparcialidad no es un derecho: es una concesión.

Qué elegancia.

Qué modernidad.

Qué progreso desde Torquemada.

La inversión moral absoluta

Así, en la España moral contemporánea:

pero el judío debe ser certificado como apto.

Apto para juzgar.

Apto para ser universal.

Apto para no traicionar una supuesta solidaridad étnica.

Así funciona exactamente el antisemitismo moderno:

no grita,

sonríe.

El viejo fondo español reaparece

España nunca resolvió su relación con los judíos.

La esquivó.

Inquisición.

Expulsión.

Borrado.

Luego, silencio.

Hoy, ese pasado no regresa con esvásticas.

Regresa a través de editoriales.

De columnas de opinión.

De lecciones de derecho.

El judío ya no es quemado.

Es citado al banquillo.

El “Cuarto Reich”: una metáfora, una alarma

Hablar de un “Cuarto Reich español” conmociona.

Ese es el objetivo.

No significa que España sea nazi.

Significa algo más sutil —y más inquietante—:

el retorno de un Estado moral

que trata al judío como un problema universal.

Ayer, era la pureza religiosa.

Hoy, es la pureza moral.

Mismo mecanismo.

Nuevo vocabulario.

Conclusión: cuando la moral se convierte en persecución

El País no necesita rehabilitar a Hitler.

Ha encontrado algo más cómodo.

Ha rehabilitado la sospecha.

Ha normalizado el acoso.

Ha hecho respetable la idea de que un judío soberano

es un escándalo moral.

Así es como siempre empieza en Europa:

con palabras limpias,

intenciones nobles,

indignaciones selectivas.

Y siempre termina igual:

el judío obligado a disculparse por existir.

No exageramos.

Advertimos.

© Paul Germon

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